• El Progreso del Peregrino (Audio Libro)

    El Progreso del peregrino Es considerada una de las obras clásicas literarias, habiendo sido traducida a más de cien idiomas. Consta de dos partes la primera fue publicada en 1678 y expandida en 1679, y la segunda fue publicada en 1684. El protagonista se llama Cristiano, y la mayoría de los personajes son llamados por su característica más evidente. Relata el viaje de Cristiano por su vida, buscando la salvación. [...]

  • ¿Tu Arrepentimiento es Verdadero?

    Algunos buenos hermanos creen que las lágrimas son una señal de un arrepentimiento verdadero. (Que lo sustenten con un pasaje Bíblico, si pueden.) ¡Están equivocados! Muchas personas echan lágrimas solo por un “efecto de imitación”: han visto que otros lloran, entonces piensan que ellos tienen que hacerlo también. – Personalmente tuve varios encuentros con personas que habían cometido un pecado, y se acercaron llorando, pidiendo perdón y asegurando: “Le voy a decir toda la verdad”; pero resultó que las cosas que dijeron así con lágrimas, eran todas mentiras.[...]

  • La Reforma del Pulpito

    En un momento de reforma, la más alta prioridad para cualquier pastor o iglesia, una vez más se convierte en el púlpito. Todos los demás aspectos del pastorado juegan una función de apoyo a lo que es primario, es decir, la predicación de la Palabra. Pablo escribió a Timoteo: "Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza" (1 Tim. 4:13). Es decir, Timoteo, en primer lugar, debe dar más estricta atención a la predicación de Pablo hasta que pudiera llegar allí. [...]

  • Sexo,Matrimonio y Cuentos

    En la Actualidad, Los Medios de Comunicacion, las Peliculas de Disney entre otras fabulas que se han venido contando a traves de Holliwood, nos han visto creer una Idea erronea de lo que es el Matrimonio, No quiero desir con esto que el Matrimonio es una Historia Triste o una carcel donde nunca se espera salir, Aunque para Muchos matrimonios hoy en Dia esta es una realidad.[...]

  • Cincuenta Razones por las que Cristo vino a morir

    La pregunta más importante del siglo veintiuno es: ¿Por qué sufrió tanto Jesucristo? Pero nunca veremos esta importancia si dejamos de ir más allá de la causa humana. La respuesta final a la pregunta, ¿Quién crucificó a Jesús? es: Dios. Esta es una idea asombrosa. Jesús era su Hijo. Y el sufrimiento era insuperable. Pero todo el mensaje de la Biblia lleva a esta conclusión.[...]

  • El Llamado al Discernimiento

    DEBE ser aterrador ser el hijo de un rey y ser heredero de un trono. Un príncipe vive siempre con el conocimiento de que, en algún momento, su padre va a morir, y él tendrá que intervenir como sucesor. Él tendrá que asumir el trono de su padre y el estado de la nación, y todo un país dependerá de su sabiduría y su capacidad. Un príncipe insensato imaginaria que esta es una tarea sencilla y puede descansar en el poder y la gloria que será suyo.[...]

lunes, 3 de noviembre de 2014


Diversas problemáticas sobre salud reproductiva, derechos de la mujer y el creciente número de embarazos en adolescentes están generando discusiones a todo nivel. Se ha propuesto que una de las soluciones sea la libre distribución de la "anticoncepción de emergencia" en forma de pastillas o dispositivos. La aceptación o rechazo de éstos depende del grado de información científica que tengan la población y los médicos, de las filosofías de vida, o incluso de la influencia de algunos intereses económicos.

Aunque la hormona levonorgestrel es una comúnmente usada, existen otros tipos de hormonas en forma de pastillas anticonceptivas de emergencia (PAE) o píldoras del día después. Su uso en las primeras horas o días tras la relación sexual sin protección pretende prevenir un embarazo no deseado. Se ha informado que su uso "correcto" reduce la posibilidad de embarazos entre 60% a 80%. El fallo puede ser muy significativo, pues 4 de cada 10 chicas que la toman podrían salir embarazadas.

Según el día del mes que se tome la PAE levonorgestrel, puede impedir la liberación del óvulo por el ovario y en menos casos podría cambiar la calidad de las secreciones cervico-uterinas que facilitan el paso de los espermatozoides. Sin embargo, existen investigaciones serias que muestran que dicha PAE podría impedir la implantación del embrión en el útero. Aunque se le llama anticonceptiva puede tener efecto pos conceptivo. Por su controversia, esa parte de las investigaciones han sido calindas y suprimidas.

El bajo número de estudios laboratoriales sobre la PAE levonorgestrel y sus problema» (le poder metodológico contrastan con las grandes afirmaciones que niegan su potencial abortivo. La falta de financiamientos para investigación imparcial y las dificultades éticas de investigar con embriones humanos dificultan la abundancia de evidencia que caracteriza a otras investigaciones en farmacología. La literatura científica también revela que otras PAE con otras hormonas y los dispositivos intrauterinos de emergencia tienen la capacidad de evitar la adhesión del embrión a la pared uterina.

Para algunos, el debate sobre un efecto abortivo de las PAE se alivia con el concepto de que la concepción inicia en el momento de la implantación y no cuando se unen óvulo y espermatozoide. Si la vida inicia varios días después de dicha unión, entonces no hay aborto si se impide la implantación. Este juego de palabras y la omisión de la primera semana de la vida buscan resolver la controversia del efecto antiimplantatorio, pero en países donde el aborto es aceptado y legal, lo del efecto abortivo no es obstáculo.

La promoción de la anticoncepción de emergencia se justifica bajo derechos sexuales sin límites y la necesidad de alguna respuesta a la tragedia del abuso sexual. Sin embargo, la liberalización sexual y la promoción de la misma a las menores edades posibles están complicando el panorama de salud. Gomo resultado los presupuestos de salud tienen que invertir no en la prevención si no en las consecuencias, como los abortos clandestinos, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos en adolescentes y la enfermedad infantil asociada a la edad joven de la madre. Otras consecuencias son el retraso del desarrollo académico, personal y profesional de los jóvenes convertidos en padres solteros y prematuros, así como otros desenlaces como la mortalidad materna e infantil o el abandono infantil.

Siendo difícil lidiar con los instintos humanos, una salida menos complicada es seguir la tendencia humana, más propensa a aceptar una pastilla que un cambio de comportamiento. Los valores como la abstinencia, la fidelidad y el autocontrol no son populares en esta época de posmodernismo y humanismo. Peligran de ser víctimas del bullying los jóvenes que se atrevan a adoptar esos valores, pero ellos también tienen derecho a abanderarlos. CIENTÍFICAMENTE hay evidencia que expone el potencial anti implantatorio de las PAE y aún la F.D.A. y otras agencias reguladoras de medicamentos en varios continentes mandan que eso se describa en los insertos de los productos. LEGALMENTE el personal de salud puede ejercer su derecho de libre conciencia y a negarse a practicar una medicina que está contra sus principios. MORALMENTE hay cada vez más relatividad sobre lo que es bueno para cada quien, pero las mujeres tienen derecho a la información de mecanismos y efecto secundarios de dichos productos para poder decidir con conocimiento y libres de manipulación. ESPIRITUALMENTE se superpone un mandato divino de respetar la vida esté dentro o fuera de un útero.

Es aceptable el debate respetuoso y responsable, evitando la seudo ciencia que le entrega la autoridad final a la opinión de personas e instituciones y no a la evidencia. Es inaceptable que se presione a los gobiernos a promover medidas contra la conciencia y espiritualidad de sus pueblos como condición para otorgarles financiamientos. Dar información incompleta y minimizada sobre los efectos secundarios hormonales, vasculares y aún oncológicos de las PAE es irresponsable y viola los derechos de las mujeres.

En vez de intervenir "el día después", debemos accionar coherentemente "el día antes", combatiendo y castigando el abuso sexual, previniendo el embarazo en adolescentes y las infecciones de transmisión sexual. Urge brindar acompañamiento cristiano y material a las adolescentes embarazadas y sus niños. Los padres de familia deben cumplir su papel formador con sus hijos. Todos, incluidas las comunidades de fe, deben aportar en la educación sexual, fomentar la paternidad responsable, el verdadero desarrollo de la mujer, la protección del no nacido y la planificación y desarrollo apropiado de las familias.

El "día después" lleva implícito el fallo en la promoción de conductas responsables, y las acciones permisivas de una sociedad que no se sabe gobernar. Ante ésta gran encrucijada, el "día antes" o "el día después", lo mejor que podemos hacer es escoger actuar el "día antes", ya que a la larga, la sociedad saldrá ganando con una juventud más responsable de sus actos y que luego se convertirán en adultos exitosos.

Ora. Reyna Durón Y Dr. Alejandro Oviedo
(Plan A Honduras)
Conozca de Plan A Honduras en:
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PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

viernes, 10 de octubre de 2014

Por: David Logacho

La pornografía , es uno de los tantos usos impropios del sexo. Como Ud. sabe, el sexo fue creado por Dios y es por tanto algo puro. En su soberanía, Dios limitó el uso del sexo a la relación de un hombre con una mujer quienes previamente se han unido en matrimonio.

Todo uso del sexo fuera del marco legítimo que Dios ha establecido para su uso, es contrario a la voluntad de Dios. La pornografía cae dentro de este uso inapropiado del sexo. Por otro lado, la tentación al mal uso del sexo es extremadamente poderosa. Por eso, la Biblia recomienda huir de las tentaciones de índoles sexual.

2ª Timoteo 2:22 dice: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.”

Ante una tentación de índole sexual, la responsabilidad de todo creyente es huir. Huir significa alejarse lo más lejos posible y lo más pronto posible. Esto es lo que Ud. necesita hacer para no caer en la tentación a la pornografía.

Parte del huir para Ud. implicará destruir todas las revistas pornográficas que tenga escondidas en algún lado. Implicará alejarse de los amigos que le incitan a la pornografía. Implicaría que deje de frecuentar lugares en los cuales Ud. sabe que sus ojos van a ser expuestos a la pornografía. Implicaría cambiar de canal o apagar el televisor cuando aparece una escena escabrosa. Implicaría abstenerse de ir al cine. Implicaría dejar de oír chistes obscenos que son comunes en la rueda de amigos.

La idea no es que Ud. se vuelva legalista o mojigato, la idea es que Ud. está huyendo de las pasiones juveniles como una medida necesaria para evitar caer en la pornografía. Pero por otro lado, además de huir en el sentido de alejarse de la tentación sexual es necesario huir hacia el refugio que ofrece la palabra de Dios, la Biblia.

Ponga atención a lo que dice Salmo 119: 9-11 “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.”

El salmista hace una gran pregunta: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Es de cierto modo la misma pregunta que Ud. se ha hecho. ¿Cómo puedo vencer la tentación a la pornografía? La respuesta es con guardar la palabra de Dios. Guardar la palabra de Dios significa conocer la palabra de Dios, entender la palabra de Dios, meditar en la palabra de Dios, memorizar la palabra de Dios y practicar la palabra de Dios.

Por eso dice el texto: En mi corazón, o en mi proceso de pensamiento, he atesorado la palabra de Dios y eso me ha permitido no pecar contra Dios. Si Ud. , no quiere ceder a la tentación de la pornografía, necesita huir de todo lo que tenga que ver con ello y llenar su mente con la palabra de Dios. Esto le permitirá pensar como Dios piensa, amar lo que Dios ama, odiar lo que Dios odia y vivir como Cristo vivió cuando estuvo en la tierra.

Via | http://unrema.wordpress.com/

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
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domingo, 5 de octubre de 2014

Una vez más aparece la idea de ir a alquilar una película sobre sexo explícito. Aunque Scott está en la secundaria, el empleado del negocio nunca le preguntó nada. Scott ha orado repetidas veces para vencer el impulso pero a medida que se acercaba al local en su interior se generaba un conflicto. Sabía que sus acciones desagradarían a Dios, sabía que después se sentiría avergonzado, sabía que se sentiría abochornado si sus padres llegaban a casa inesperadamente y lo encontraban dando rienda suelta a su fantasía. Pero algo más fuerte que él lo impulsa a ir a dicho negocio, como un adicto a la heroína. Al salir, ya estaba enganchado. Pero esa tarde, después de haber visto la película, volvió a sentirse avergonzado y culpable.

“Señor ¿Qué voy a hacer?” –exclamó. No le había confiado a nadie sus luchas internas y sus continuos fracasos en esa área. Se sentía débil y solo. Hasta Dios parecía estar distante e inalcanzable.

Scott entonces hizo lo que siempre hacía: escondió sus sentimientos y su culpabilidad muy dentro de sí siguió con la farsa del chico cristiano, puro y feliz. Por un tiempo su desesperación se calmaba y él se tranquilizaba hasta que el antiguo apremio regresaba y lo inducia nuevamente.
Tal vez en tu caso no sea ir alquilar una película, pero si has llegado al punto que puedas estar en la sala de tu casa, en tu cuarto, o aun en tu trabajo y están fantaseando con algo que no es real, sino que lo fábricas en tu mente, es como que estuvieras cocinando un pecado dentro de ti.

Muchos ven la fantasía sexual como una inofensiva autosatisfacción. Pero Dios quiere que nos abstengamos de ella por-por lo menos-por tres diferentes razones.

Primera, siguiendo la enseñanza de Jesús en Mateo 5:27-28, la inmoralidad sexual de la mente acarrea el mismo peso que la inmoralidad sexual de la carne.

“Oíste que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en el corazón.”

Puede que seas capaz de evitar la vergüenza personal, el escándalo público o las posibles enfermedades de una relación de pareja. Pero ante los ojos de Dios, una relación en la mente es igual que una en la realidad. Es una violación a la pureza moral.

Segundo, de acuerdo con Santiago 1:14-15, la inmoralidad sexual mental puede inducir a un acto sexual inmoral:

“Cada uno es tentado cuando se deja arrastrar y seducir con sus propios malos deseos. Después, cuando el deseo ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado ha llegado a su madurez, da a luz la muerte.”

 En una oportunidad leía sobre este pasaje y muchas veces Dios nos está advirtiendo que nuestro pensamiento es malo, pero cuando no obedecemos y continuamos con esos malos deseos, Dios nos entrega a espíritu engañoso y a veces podemos ver que no es tan malo, sin darnos cuenta que nuestra pureza se va perdiendo cada día más. Puede que creas que tu pecado está a buen resguardo en tu interior, pero “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34) La semilla que se siembra y se nutre en el corazón, a su tiempo germinará en su hecho.

Tercero, la fantasía sexual despersonaliza al sexo y degrada a la persona. Para la persona que tiene fantasías sexuales, solo busca la manera de gratificarse a sí mismo. Viendo a las personas del sexo opuesto solo como objetos de satisfacción personal, lo cual va encontrar de lo que la Biblia enseña, con respecto a amar a los demás como a nosotros mismos y tratarlos de la manera que nos gustaría que nos trataran.

Recuerda que Dios ha establecido límites para darte la mejor vida sexual que sea posible dentro del matrimonio. Recuerda ¡El te ama! Si estas luchando con fantasía en tu mente, hoy es tiempo para que busques ayuda, si es posible que tus pensamientos sean limpiados, busca hoy la ayuda y no tardes más.

Cortesia: http://blog.libresencristo.org/

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

viernes, 1 de agosto de 2014

La oracion

Posted by Francisco On 17:11 No comments
J.C. Ryle

“[Los hombres] debían orar en todo tiempo” (Lucas 18:1).

“Quiero que en todo lugar los hombres oren” (1 Timoteo 2:8).

La oración es la cuestión más importante de la religión práctica. Todo lo demás es secundario comparado con ella. Leer la Biblia, guardar el día de reposo, oír sermones, asistir a la adoración pública, acudir a la Mesa del Señor: todas estas cosas son de mucho peso. Pero ninguna de ellas tiene tanta importancia como la oración privada.

En este capítulo me propongo ofrecer siete simples motivos para explicar por qué empleo un lenguaje tan enérgico para referirme a la oración. Hacia estos motivos reclamo la atención de todo hombre racional en cuyas manos pueda caer este libro. Me atrevo a asegurar con confianza que estas razones merecen la seria consideración de todo el mundo.

I. En primer lugar, la oración resulta absolutamente necesaria para la salvación del hombre.

Digo “absolutamente necesaria” y lo digo con conocimiento. No estoy hablando ahora de niños y de necios. No estoy describiendo el estado de los paganos. Recuerdo que “a todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él” (Lucas 12:48). Hablo especialmente de aquellos que se llaman cristianos en una tierra como la nuestra. Y de estos afirmo que ningún hombre ni ninguna mujer puede esperar salvarse si no ora.

Yo defiendo la salvación por gracia con la misma firmeza que cualquiera. De buen grado ofrecería perdón gratuito y completo al más grande de los pecadores que haya existido nunca. No dudaría en ponerme junto a su lecho de muerte y decir: “Cree [ahora] en el Señor Jesús, y serás salvo” (Hechos 16:31). Pero no veo en la Biblia ningún versículo donde se nos diga que el hombre puede obtener la salvación sin pedirla. No encuentro ningún pasaje que declare que el hombre vaya a recibir el perdón de sus pecados si ni siquiera levanta su corazón internamente y dice: “Señor Jesús, dámelo”. En ningún sitio se afirma que el hombre se vaya a salvar por sus oraciones, pero tampoco se nos dice que nadie pueda salvarse sin oración.

No es absolutamente necesario para la salvación que la persona lea la Biblia. Es posible que un hombre no tenga estudios, o que sea ciego, y que, sin embargo, lleve a Cristo en su corazón. No es absolutamente necesario que el hombre oiga la predicación pública del Evangelio. Es posible que viva en un lugar donde el Evangelio no se predica, o que esté postrado en cama, o que sea sordo.

Pero no puede decirse lo mismo de la oración. Resulta absolutamente necesario para la salvación que el hombre ore.

No existen privilegios cuando se trata de la salud y el aprendizaje. Príncipes y reyes, pobres y campesinos, todos deben atender igualmente a las necesidades de sus propios cuerpos y de sus propias mentes. Ningún hombre puede comer, beber o dormir por poderes. Ningún hombre puede aprenderse el alfabeto por otra persona. Todas estas son cosas que cada persona debe hacer por sí misma o, de lo contrario, quedarán sin hacer.

Al igual que ocurre con la mente y el cuerpo, así sucede también con el alma. Hay ciertas cosas absolutamente necesarias para la salud y el bienestar del alma. Cada hombre debe atender a estas cosas por sí mismo. Cada hombre debe arrepentirse por sí mismo. Cada hombre debe acudir a Cristo por sí mismo. Y por sí mismo cada hombre debe hablar con Dios y orar. Debes hacerlo por ti mismo, porque nadie más puede hacerlo por ti.

¿Cómo vamos a esperar que un Dios “desconocido” (Hechos 17:23) nos salve? ¿Y cómo vamos a conocer a Dios sin orar? No sabemos nada de los hombres ni de las mujeres de este mundo a menos que hablemos con ellos. No es posible conocer a Dios en Cristo a menos que hablemos con Él en oración. Si deseamos estar con Él en el Cielo, debemos ser amigos suyos en la Tierra. Si deseamos ser amigos suyos en la Tierra, debemos orar.

Habrá muchos a la derecha de Cristo en el día final. Los santos reunidos desde el Norte y el Sur, el Este y el Oeste serán “una gran multitud, que nadie [puede] contar” (Apocalipsis 7:9). El cántico de victoria que saldrá de sus bocas cuando se complete por fin su redención será realmente glorioso.

Estará muy por encima del estruendo de muchas aguas, y de fuertes truenos (cf. Apocalipsis 19:6).

Pero no habrá discordancia en ese canto. Todos los que canten cantarán con un solo corazón además de hacerlo con una sola voz. Su experiencia será la misma. Todos habrán creído. Todos habrán sido lavados en la sangre de Cristo. Todos habrán nacido de nuevo. Todos habrán orado. Sí, debemos orar en la Tierra o, de lo contrario, nunca alabaremos en el Cielo. Debemos pasar por la escuela de la oración o, de lo contrario, nunca seremos aptos para la fiesta de la alabanza. En resumen, no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin Cielo. Es estar en el camino que lleva al Infierno.

II. En segundo lugar, el hábito de orar es uno de los signos más inequívocos que existen para distinguir al verdadero cristiano. 

Todos los hijos de Dios que hay sobre la Tierra son semejantes a este respecto. Desde el momento en que comienza la vida y la autenticidad de su religión, se ponen a orar. Del mismo modo que la primera señal de vida de un niño cuando viene al mundo es el acto de respirar, así también el primer acto de los hombres y las mujeres cuando nacen de nuevo es orar.

Esta es una de las características comunes a todos los escogidos de Dios: “Claman a El día y noche” (Lucas 18:7). El Espíritu Santo, que los hizo nuevas criaturas, produce en ellos el sentimiento de adopción y los lleva a clamar: “Abba, Padre” (Romanos 8:15). El Señor Jesús, cuando los resucita, les da una voz y una lengua, y les dice: “Deja de estar mudo” (cf. Ezequiel 24:27). Dios no tiene hijos mudos. Orar forma parte de su naturaleza, del mismo modo que llorar forma parte de la naturaleza del niño. Son conscientes de cuánto necesitan de la misericordia y la gracia. Sienten su vacío y su debilidad. No pueden hacer otra cosa aparte de lo que hacen. Deben orar.

He estudiado cuidadosamente las vidas de los santos de Dios que aparecen en la Biblia. No he podido encontrar a ninguno de quien se nos narre la historia, desde Génesis hasta el Apocalipsis, que no fuera un hombre de oración. He observado que se menciona como uno de los rasgos distintivos de los piadosos el hecho de que “invocan al Padre” (cf. 1 Pedro 1:17) e “invocan el nombre del Señor Jesucristo” (cf. 1 Corintios 1:2). He visto constatado como característica de los impíos el hecho de que “no invocan al Señor” (Salmo 14:4).

He leído las vidas de muchos cristianos eminentes que han transitado por la Tierra desde los días de la Biblia. He observado que algunos de ellos eran ricos y otros eran pobres. Algunos tenían estudios y otros no. Unos eran episcopalianos, otros presbiterianos, otros bautistas, otros independientes. Algunos eran calvinistas, y otros arminianos. A algunos, les encantaba utilizar una liturgia, y a otros, no utilizar ninguna. Pero observo que todos tenían una cosa en común. Todos eran hombres de oración.

He estudiado los informes de las Sociedades Misioneras de nuestros tiempos y he observado con regocijo que los hombres y las mujeres paganos están aceptando el Evangelio en diversas partes del globo. Hay conversiones en África, en Nueva Zelanda, en la India y en América. Las gentes que se convierten son, por naturaleza, diferentes las unas de las otras en todos los aspectos. Pero hay algo que llama mi atención en todas las misiones. Los conversos siempre oran.

No niego que el hombre puede orar sin entusiasmo y sin sinceridad. Ni por un momento pretendo afirmar que el mero hecho de que una persona ore lo demuestra todo en cuanto a su alma. Al igual que en todos los demás aspectos de la religión, también en este hay abundancia de engaño y de hipocresía.

Pero sí digo que no orar constituye una prueba clara de que el hombre aún no es un verdadero cristiano. No puede deplorar realmente sus pecados. No puede amar a Dios. No puede sentirse en deuda con Cristo. No puede anhelar la santidad. No puede desear el Cielo. Aún tiene que nacer de nuevo. Aún tiene que ser transformado en una nueva criatura. Ya puede presumir confiadamente de la elección, la gracia, la fe, la esperanza y el conocimiento, y engañar a los ignorantes. Pero no te quepa la menor duda de que todo es vana palabrería si no ora.

Y digo más: de entre todas las pruebas que existen de la verdadera obra del Espíritu, el hábito de la oración privada dentro del corazón es una de las más satisfactorias que es posible citar. El hombre puede predicar por motivos falsos. Puede escribir libros, dar bellos discursos y parecer diligente en buenas obras, y, con todo, ser un Judas Iscariote. Pero es raro que el hombre se meta en su cuarto y derrame su alma delante de Dios en lo secreto a menos que vaya en serio. El Señor mismo ha puesto su sello sobre la oración como la mejor prueba para reconocer una verdadera conversión. Cuando Él envió a Ananías adonde estaba Saulo, en Damasco, no le dio otra prueba del cambio que se había producido en su corazón aparte de esta: “He aquí, está orando” (Hechos 9:11).

Sé que muchas cosas pueden suceder en la mente del hombre antes de que este se entregue a la oración. Puede que tenga muchas convicciones, muchos deseos, muchos sentimientos, muchas resoluciones, muchas esperanzas y muchos temores. Pero todas estas cosas son pruebas muy inciertas. Se pueden encontrar en gente poco piadosa, y suelen acabar en nada. En muchos casos son tan duraderas “como nube matinal, y como el rocío, que temprano desaparece” (Oseas 6:4). La auténtica oración sincera, que brota de un corazón “contrito y humillado” (Salmo 51:17), vale tanto como todas estas cosas juntas.

Sé que los escogidos de Dios fueron elegidos para salvación desde toda la eternidad. No olvido que el Espíritu Santo, que los va llamando a su debido tiempo, en muchas ocasiones los conduce gradualmente, muy despacio, al conocimiento de Cristo. Pero el ojo humano solo es capaz de juzgar por lo que ve. No puedo afirmar que una persona está justificada hasta que no crea. No me atrevo a declarar que nadie cree hasta que no ore. No puedo comprender una fe muda. El primer acto de fe será hablar con Dios. La fe es para el alma lo que la vida es para el cuerpo. La oración es para la fe lo que la respiración es para la vida. No alcanzo a comprender cómo puede vivir el hombre sin respirar, y tampoco soy capaz de entender cómo es posible que el hombre crea y que no ore.

© 2012 Reservados todos los derechos. Traducción de Publicaciones Aquila. Esta lectura es un extracto del libro Cristianismo práctico por J.C. Ryle, publicado por Estandarte de la Verdad. Si desea leer más, puede obtener el libro en el sitio web de la librería cristiana Cristianismo Histórico.

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

domingo, 27 de julio de 2014

¿Ha nacido usted de nuevo?

Posted by Francisco On 18:19 No comments

J.C. Ryle

Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: “el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

No es suficiente con responder: “Pertenezco a una iglesia; supongo que soy cristiano.” Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber vuelto a nacer que nos han dado en las Escrituras–muchas enumeradas en la Primera Epístola de Juan.

No comete pecados habitualmente

Primero que todo, Juan escribió: “Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado” (1 Juan 3:9). “Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca” (5:18).

Una persona que ha nacido de nuevo o se ha regenerado no cometerá pecados habitualmente. Esa persona no pecará más con su corazón, voluntad y toda su inclinación. Probablemente hubo un tiempo en el que esa persona no pensó si sus acciones eran o no pecaminosas y no siempre se sintió atribulada después de hacer algo malo. No existía un conflicto entre esa persona y el pecado; eran amigos. Sin embargo, el verdadero cristiano odia el pecado, huye de él, pelea contra él, lo considera la plaga más despreciable, se resiente con la carga de su presencia, se acongoja cuando caen bajo su influencia y anhela ser liberado completamente de él. El pecado ya no lo satisface; se ha convertido en algo horrible que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de sí mismo. Si dice que no tiene pecados, estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran deseo de su alma es no cometer pecado en absoluto. No puede evitar que entren en su mente malos pensamientos ni que aparezcan errores, descuidos y defectos en sus palabras o en sus acciones. Sabe que “todos tropezamos de muchas maneras” (Santiago 3:2). Pero puede decir sinceramente ante la presencia de Dios, que estas cosas le causan sufrimiento y tristeza y que todo su ser lo rechaza. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

Creer en Cristo

Segundo, Juan dijo: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).

Un hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios Padre para este preciso propósito y que aparte de Él, no existe ningún otro Salvador. En su interior esta persona no encuentra ningún tipo de valor. Pero confía completamente en Cristo, y confiando en Él, cree que todos sus pecados serán perdonados. Él cree que, por fe en la obra llevada a cabo por Cristo y su muerte en la cruz, será considerado justo ante los ojos de Dios y puede esperar la muerte y el juicio sin angustia. Puede tener miedos y dudas. Algunas veces podrá decirle que se siente como si no tuviera fe en nada. Pero pregúntele si desea confiar en cualquier cosa en vez de en Cristo y escuche lo que le dirá. Pregúntele si depositará su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, un ministro o su iglesia y escuche su respuesta. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

Practica la justicia

Tercero, Juan escribió: “Todo el que hace justicia es nacido de El. ” (1 Juan 2:29).

El hombre que ha nacido de nuevo o se ha regenerado es un hombre santo. Se esfuerza por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, por hacer las cosas que agradan a Dios y por evitar las cosas que Dios aborrece. Desea mirarse continuamente en Cristo como su ejemplo así como su Salvador y demostrarse a sí mismo que es amigo de Cristo guardando sus mandamientos. Sabe que no es perfecto. Es terriblemente consciente de la corrupción que hay en su interior. Encuentra un principio de maldad dentro de sí el cual está constantemente atentando contra la gracia y tratando de alejarlo de Dios. Pero no se lo permite aunque no pueda evitar su presencia. Incluso si a veces se siente tan insignificante que se pregunta si realmente es cristiano o no, podrá decir al igual que dijo John Newton: “No soy lo que debería ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en otro mundo; pero aun así no soy lo que fui alguna vez, y por gracia de Dios soy lo que soy”. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

Ama a otros cristianos

Cuarto, Juan escribió: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14).

Un hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los verdaderos discípulos de Cristo. Como su Padre en el cielo, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial por aquéllos que comparten su fe en Cristo. Como su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y lloraría por ellos; pero tiene un amor característico por los que son creyentes. Nunca se siente tan como en casa como cuando está en su compañía. Él siente que todos son miembros de la misma familia. Ellos son sus compañeros soldados, peleando contra el mismo enemigo. Ellos son sus compañeros de viaje, recorriendo el mismo camino. Él los entiende y ellos lo entienden a él. Pueden ser muy diferentes en muchas sentidos– en el puesto que ocupen, en posición social y en riqueza. Pero eso no le importa. Son los hijos e hijas de su Padre y no puede evitar amarlos. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

Vencer al mundo

Quinto, Juan escribió: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” (1 Juan 5:4).

Un hombre que ha nacido de nuevo no se vale de la opinión del mundo para medir el bien y el mal. No teme ir en contra del estilo, ideas y costumbres del mundo. Lo que los hombres piensen o digan, ya no le preocupa. Él vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar la felicidad a la mayoría de las personas. Para él, parecen insensatos e indignos de un ser inmortal. Ama la alabanza a Dios más que la alabanza al hombre. Teme más ofender a Dios que ofender al hombre. No le importa que le culpen o le alaben; su principal objetivo es agradar a Dios. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

Mantenerse puro

Sexto, Juan escribió: “Aquel que nació de Dios lo guarda” (1 Juan 5:18).

Un hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. No solamente trata de evitar el pecado sino también de evitar todo lo que lo pueda generar. Selecciona cuidadosamente sus compañías. Sabe que las malas relaciones corrompen el corazón y que es más fácil tomar el mal que el bien, así como se contagia más la enfermedad que la buena salud. Es cuidadoso con el uso de su tiempo; su principal deseo es emplearlo provechosamente. Desea vivir como un soldado en un país enemigo-usando su armadura continuamente y preparado para enfrentarse a la tentación. Es diligente para ser un hombre que vela, que es humilde y que ora. ¿Qué diría el apóstol sobre ti? ¿Has nacido de nuevo?

La prueba

Estas son las seis grandes señales que identifican a un cristiano que ha nacido de nuevo.

En cada persona hay grandes diferencias entre la profundidad y distinción de estas señales. En algunas son débiles y casi imperceptibles; en otras son destacadas, sencillas e inconfundibles, de tal forma que cualquiera las puede identificar. Algunas de estas señales son más visibles que otras en cada individuo. Raras veces son igual de evidentes en cada persona.

Pero aún así, después de tener en cuenta las posibles diferencias, podemos encontrar seis señales predominantes provenientes de Dios.

¿Cómo deberíamos reaccionar ante estas cosas? Podemos lógicamente llegar a una única conclusión— solamente los que han nacido de nuevo poseen estas seis características y aquéllos que no tienen estas señales no han nacido de nuevo. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol pretendía que nosotros llegásemos. ¿Tienes tu estas características? ¿Has nacido de nuevo?

Traducción por Gabriel Arevalo  Via: http://sdejesucristo.org/ 

 

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO

Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

viernes, 27 de junio de 2014

La Soberania de Dios y el Sufrimiento

Posted by Francisco On 15:26 No comments
Chuy Olivares

Dios tiene propósitos para nosotros. En la formación que vamos teniendo como hijos de Dios, Él no desea que suframos sin propósito. En la voluntad permisiva del Señor nos suceden cosas que nos ayudan a madurar. Tengamos presente que todo lo que Dios permite tiene el propósito de hacernos más a su imagen, más maduros y de tratar nuestro carácter para que crezcamos espiritualmente; todo esto a pesar de nuestros errores y pecados. Es decir, nuestros errores y pecados nunca van a frustrar el plan de Dios.

Encontramos un ejemplo de ello en la vida del Rey David – el mayor Rey de Israel y un hombre conforme al corazón de Dios – quien un día cometió un pecado muy grave: tomó una mujer ajena y asesinó a su esposo para poder casarse con ella. Dice en el libro de Samuel que lo que David hizo fue desagradable a los ojos de Dios. La mujer quedó embarazada y el niño murió como prueba de que Dios había rechazado el proceder de David. La soberanía de Dios se muestra en que David luego toma a Betsabé por esposa y de tal unión nace Salomón, el rey más sabio en la historia de la tierra. Y aún más, de su línea de descendencia vendría a nacer Jesús. ¡Eso rebasa todo entendimiento humano! Es así como vemos al Dios de toda gracia: a pesar de nuestros errores, al final, Él usa cada situación para cumplir sus propósitos e incluso para bendecirnos.

Si pecamos, sufriremos las consecuencias del pecado. Es posible que usted, ahora, esté sufriendo las consecuencias de algún pecado. Ciertamente Jesús perdona la culpa de los pecados, pero las consecuencias las tenemos que vivir, las tenemos que sufrir. La vida de David después de su pecado nunca volvió a ser igual. Las consecuencias del pecado llegan siempre, son ineludibles; pero podemos estar seguros de que, al final de todo, Dios tornará el mal en bien. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. — 1Pe 5:10

EXPERIENCIA DE PEDRO

Pedro vivió y experimentó la gracia de Dios. Ante la aprehensión de Jesús, Pedro maldijo y lo negó. No obstante recibió más tarde el favor del Señor. La palabra usada en la escritura original para ‘gracia’ es «járis» que significa “el Dios de todo favor, regalo espiritual, don.”

Juan afirma en Apocalipsis que en la eternidad ya no habrá más llanto ni dolor. Mientras estemos en el mundo pasaremos por situaciones que nos harán llorar y tendremos también tiempos de alegría, tendremos abundancia y en otros momentos sufriremos escasez. La vida cristiana se compone de estos dos elementos.

Pedro dice “después que hayas padecido un poco de tiempo.” El original griego para ‘padecido’ es «pásjo» que significa “experimentar dolor y sufrimiento.” Hay diversas situaciones por las cuales sufrimos; unos sufren una enfermedad por causa del pecado mientras otro está enfermo sin estar en pecado. (Cuando le trajeron el ciego a Jesús y le preguntaron si él estaba enfermo por causa de pecado, Jesús les dijo que no; que aquel hombre estaba así para que la gloria de Dios se manifiestara). Otro puede sufrir escasez por una prueba que Dios le manda y otro la sufre como consecuencia de sus robos y estafas.

¿CÓMO ORAR EN EL SUFRIMIENTO?

Teniendo la soberanía de Dios en cuenta, ¿cómo pues debemos orar cuando sufrimos?

Debemos preguntarle a Dios: “¿Señor, por qué me está pasando esto? Si tienes a bien revelármelo, aquí estoy.” Dios puede decir: “Es una disciplina por tus pecados.” Otras veces dice: “Estoy probando tu fe.” A veces se queda callado y aún así está tratando con nosotros. Cuando Pedro en el pasaje dice “un poco de tiempo”, concuerda perfectamente con lo que le dijo San Pablo a los Corintios: “Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros una cada vez más grande peso de gloria.” Cuando dice “leve tribulación momentánea” se refiere a escasez, a vituperios y tribulaciones, al hambre, a peligros y demás adversidades que estaba sufriendo como hijo de Dios, como ministro del evangelio y como ser humano.

Estos dos pasajes enfatizan que los sufrimientos de esta vida no son comparables con la gloria venidera. Los 70, 80 o 90 años que tenemos en esta tierra, o aún si fueran 150; no son comparables con la eternidad. No son comparables porque se ven como *nada*.

De los once apóstoles, diez murieron sufriendo. ¿Por qué el Apóstol Juan no? Sólo Dios en su soberanía sabe lo que Dios permite y no permite.

YO SOY EL MEJOR CARAMBOLISTA

Un día, mientras jugaba billar, Dios me habló y me dijo: “Yo soy el mejor carambolista.” Inmediatamente entendí lo que me estaba diciendo. Al igual que un billarista le puede pegar a una bola que rebota y pega en otra que a su vez pega en otra y hace un montón de jugadas de una manera maravillosa y difícil de igualar, Dios hace lo mismo con situaciones y con personas.

CUATRO PROPÓSITOS PARA EL SUFRIMIENTO

Según Pedro, el sufrimiento nos perfecciona, nos afirma, nos fortalece y nos establece.
1. Perfeccione. La palabra perfeccione viene del griego «katartízo» que significa “restaurar, hacernos aptos, reparar, y ajustar.” Él ajusta nuestros caminos. Va tratando con nosotros, llevándonos a la madurez.
2. Afirma. Viene del griego «sterízo» que significa “establecer con firmeza”. Esto nos habla de establecer un carácter firme, sólido. Cuando Jesús le dice a Pedro que le dio permiso a Satanás para zarandearlo y que le negaría tres veces, le dijo que luego debía “confirmar a los hermanos”. Esta palabra “confirmar” es la misma que “afirmar”. Con un carácter voluble como el de Pedro, ¿cómo iba a ser un instrumento para afirmar a los hijos de Dios? Tenía que ser tratado y perfeccionado y por eso el Señor permitió que Satanás lo zarandeara.Pedro mismo dice que el propósito de la aflicción es el perfeccionamiento y la afirmación.
3. Fortalece. Esto habla de vigor y de fuerza espiritual. Vigor espiritual para enfrentar todas las situaciones que llegan a nuestra vida: las buenas y las malas.
4. Establece. Habla de consolidar, de afianzar un carácter sólido. Recordemos que Pedro era llamado Simón; Jesús cambió su nombre. Pedro viene de la palabra «petros» que significa “una piedra sacada de una roca grande.” Una piedra es *sólida*. Al cambiarle el nombre, Jesús estaba estableciendo que Pedro sería sólido, a pesar de que en ese momento aún era voluble y se dejaba llevar por emociones. Así estableció a Pedro para ser parte de la edificación de Su iglesia.

LA SOBERANÍA EN LA VIDA DE JOB

Esta es una historia clásica de la Biblia. Santiago citó a Job diciendo “Han oído de la paciencia de Job.” Si observamos la vida de Job entendemos por qué a veces Dios permite que sus hijos sufran.

Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. (Job 1:1)

Observemos algunas de las características que se mencionan de Job: ¡perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal! Esto nos recuerda el Salmo 1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos… será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que da fruto en su tiempo y su hoja no cae y todo lo que hace prospera”.

Y le nacieron siete hijos y tres hijas. (3) Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales. (Job 1:2-3 )

Job era un hombre bendecido y rico. ¡Tenía siete mil ovejas y, pongámoslo así, tres mil Mercedez Benz! Digo esto porque en aquel tiempo el camello era el método de transporte de lujo. Los camellos eran costosos. La Biblia dice que era el “más grande” de todos, no por sus numerosas posesiones sino por la calidad de sus cualidades.

E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. (5) Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. (Job 1:4-5). Fíjese cómo, todos los días, Job consagraba sus hijos a Dios. En otras palabras Job se los entregaba a Dios, igual que muchos padres declaran entregar sus bebés a Dios. Esto equivale a decirle a Dios que Él puede hacer lo que Él quiera con ellos. Si son de Dios, ¿puede Él tomarlos cuando quiera? Sí, aunque eso nos duela. Tu esposo no es tuyo, es de Dios. Tus hijos no son tuyos, son de Dios. Lo que tienes no es tuyo, es de Dios. Entonces Él puede tomar a cualquiera de nosotros o disponer de nuestras cosas cuando quiera. “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”. (Job 1:6). Cuando dice “hijos de Dios” la Escritura se refiere a los ángeles. Pero además de ellos, venía un “colado” como decimos: Satanás. ¡Qué interesante que tenía acceso a la presencia de Dios a pesar de que Dios lo había echado! “Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. (8) Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:7-8 ) Dios se sentía tan satisfecho, tan complacido de Job, que le dijo a Satanás: “¿No has visto a Job, la clase de siervo fiel que es?”

UNA MURALLA

“Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? “ ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. (Job 1:9-10). La palabra griega que se traduce en “de balde” es «kjinám» significa “gratuito, sin costo, sin razón.” Es decir, Satanás le estaba diciendo a Dios que Job no podía servir a Dios gratuitamente y sin razón. Satanás asume que Job es fiel a Dios sólo por la “cerca” que tiene a su alrededor, su familia y sus muchos bienes. La palabra que se traduce como “cercado” viene de «suk» que significa “entretener, poner una protección haciendo una muralla“. Fíjate cómo estamos los hijos de Dios: Hay una muralla alrededor de nosotros, de nuestra familia y de nuestros bienes. Dice el Salmista: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.” Si nosotros pudiéramos ver la protección que tenemos alrededor nuestro, tendríamos menos temor a las cosas que hay en el mundo. Pero si Job estaba tan protegido, ¿por qué le pasaron todas esas cosas? Allí precisamente está el tema de la soberanía de Dios. Lo que le estaba diciendo Satanás a Dios es: “No, Job no te sirve gratis. Te sirve porque le das.”. “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. (Job 1:11). La frase “extiende ahora tu mano” en el hebreo quiere decir “¡Déjale caer tu mano encima!”, como cuando uno mata una mosca.

¿POR CONVENIENCIA?

Hoy en día, hay gente que sirve a Dios por conveniencia. Muchos van a la iglesia no para buscar a Dios, sino para ver qué le sacan a Dios: su sanidad, un milagro financiero, arreglar un problema. Éstos concuerdan con la idea de Satanás sobre Job: sólo buscan su ganancia. Pero hay otros que seguimos a Dios no por lo que nos da, como Pablo que dijo “Nada me separará del amor de Dios. Sé tener abundancia y sé tener escasez.” Me dé o no me dé.

Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. (Job 1:12 )

¿Qué está haciendo Dios? Le está dando permiso a Satanás de tocar los bienes de Job, un hombre que no había pecado, un varón apartado del mal. ¿Por qué lo permite Dios? La respuesta está en Su soberanía: porque Él tiene propósitos y planes específicos.

Hay otro caso, el del Apóstol Pablo, cuando afirma que “un mensajero de Satanás” lo abofeteaba. Pablo dice haber rogado tres veces a Dios que lo librara, pero la respuesta del Señor es “Bástate de mi gracia.” En medio de la adversidad Pablo recibió la revelación de Dios y se mantuvo humilde. El propósito de Dios con Pablo es librarlo del orgullo. El propósito en el caso de Pedro es hacer que deje de confiar en sí mismo. En el caso de Job es demostrar que un hombre puede mantenerse firme, temeroso de Dios, recto y agradable para el Señor.

DIOS PONE EL LÍMITE

Vimos en el versículo 12 que Dios le pone un límite a lo que el enemigo puede hacerle a Job: que no toque su cuerpo. Dios es el que pone límites, porque Él es soberano.

Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, (14) y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, (15) y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. (16) Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. (17) Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. (Job 1:13-17)

Recuerdo un hombre de la congregación que fue millonario. Viajaba y compraba según los antojos de su corazón, hasta que un día su negocio empezó a perder y llegó a quebrar. La quiebra del negocio fue la herramienta que Dios usó para traer de regreso a aquel hombre a sus pies . “Hoy no tengo nada, pero soy el hombre más feliz de la tierra”, decía.

¿SÓLO PROSPERIDAD?

“Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia”. (Job 1:18-19). En la Biblia no hay otro caso de sufrimiento como el de Job, salvo el de Jesucristo. Primero, Dios permitió que Job perdiera sus bienes; luego, que murieran sus hijos. Todo, a pesar de que se trataba de un hombre íntegro, honesto, recto y temeroso de Dios. La Doctrina de la Prosperidad, tan extendida en nuestros días, es un engaño, pues promete a la gente que, si se entrega a Cristo, le irá bien en su negocio, en sus finanzas y en otras muchas cosas que no necesariamente son lo que Dios tiene preparado para cada persona. Quienes enseñan estas cosas leen dos o tres versículos fuera de contexto y no presentan el panorama entero de la Biblia. La verdad es que la vida Cristiana es a veces de abundancia, pero también a veces de escasez. Salomón dijo “Hay tiempo de tener, tiempo de no tener. Tiempo de comer y tiempo de no comer. Tiempo de danzar, tiempo de llorar. Todo tiene su tiempo en esta vida.” Jesucristo mismo dijo “en el mundo tendrán aflicciones, pero confíen, yo he vencido al mundo”.El problema es cuando alguien a quien se le ha predicado esta Doctrina de la Prosperidad le empiezan a venir las pruebas, asombrado, no sabe cómo responder. Los que no creen se burlan de su falta de prosperidad y de su fe. Pero alguien entendido en la Palabra de Dios reacciona diferente, entiende que Dios es soberano.

TODO ES DE DIOS

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró”. (Job 1:20). Job entró en luto, se rasgó su manto y se rasuró la cabeza según las costumbres orientales. Pero qué espectacular es observar el momento en que, postrado en tierra, Job adoró. ¡En medio de la tragedia, luego de quitarle sus Mercedes-Benz, sus ovejas y aún a sus diez hijos, Job adoró a Dios! Esto es un verdadero Cristiano: uno que sabe que todo es de Dios y que si Dios se lo dio, también se lo puede recoger. Es esa clase de cristiano que sabe que Dios le dio un esposo, esposa, hijos… pero ¿y si Dios se los pide? Nosotros no queremos que se nos mueran los familiares, pero… ¿estarías dispuesto a que Dios te los pida?.

¿Han escuchado el poema de las huellas? (Ver poema a la derecha). A mí me ha ministrado mucho este poema, el cual refleja la queja de alguien que durante la prueba, en lugar de ver dos pares de huellas sobre la arena, veía sólo una y decía ¿Señor, me abandonaste? Dios le responde, “no, en esos días yo te cargaba.”

Dios nunca nos deja. Es una confianza que hemos de tener.

HUELLAS
  • Una noche un hombre tuvo un sueño. 
  • Él soñaba que recorría la playa con el SEÑOR. 
  • A través del cielo pasaban las escenas de su vida. 
  • Para cada escena, él notó que se marcaban dos pares de huellas en la arena; un par le pertenecían a él, y el otro par pertenecían al SEÑOR. 
  • A medida que las escenas pasadas de su vida desfilaban ante él, volteaba la mirada hacia las huellas en la arena y noto que muchas veces, a lo largo del recorrido por la playa, en la arena solo veía un par de huellas. 
  • También notó que esto ocurría en los momentos más amargos y tristes de su vida. 
  • Esto realmente lo desconcertó y pregunto al SEÑOR: 
  • “SEÑOR, Tú dijiste una vez, cuando decidí seguirte, que recorrerías a mi lado el camino de la vida, 
  • Pero he notado que durante las épocas más amargas de mi vida, 
  • Hay solamente un par de huellas. 
  • ¡No entiendo! … 
  • ¿Por qué cuando más te necesité… me dejaste solo? 
  • El SEÑOR contestó… 
  • “Hijo mío, te amo y nunca te dejé solo. 
  • Durante las épocas de amargura y sufrimiento que viviste, cuando ves solamente un par de huellas… 
  • No caminabas solo… 
  • Era yo que te llevaba en mis brazos.” 

EL AUTOR INTELECTUAL

Luego de que Job adora a Dios, una frase nos muestra su conocimiento de la soberanía de Dios: y dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. (Job 1:21). Es decir, no trajimos nada a este mundo y sin duda no nos llevaremos nada. Hay una realidad: ¿A quién le pertenece todo? ¡A Dios! ¡Hasta los zapatos que tienes puestos! “Dios me dio, Dios me quitó”. ¿Recuerdan a quién le atribuyó José sus “desgracias” en Egipto? ¡A Dios! Estos hombres conocían la soberanía de Dios.

Los falsos maestros van a decir esto: “Es verdad que Dios se lo dio, pero es mentira que Dios se lo quitó… eso lo hizo el Diablo.” Sí, es cierto que fue el Diablo quien se lo quitó, pero fue Dios quien le dio permiso. Dios fue el autor intelectual. Dios estaba detrás de todo el asunto.

¿ATAR A SATANÁS?


¿Por qué Job no “ató” al Diablo? Cuando Pablo era atribulado por un mensajero de Satanás, ¿por qué no convocó a todos los discípulos a una “noche de guerra espiritual”? Cuando Jesús le dijo a Pedro que Satanás lo iba a zarandear, ¿por qué Pedro no lo “ató”? Porque tal doctrina, la de atar al demonio, ¡no es Bíblica! Nunca vemos en la Biblia que los discípulos ataran al demonio. Yo tengo 20 años escuchando a los hermanitos que “ataron” al “demonio del narcotráfico” y ahora el tráfico de drogas está cinco veces peor.

Puedes atar a todos los demonios que quieras… con nudo ciego, nudo marinero o nudo ranchero; pero nada harás. Con tantas oraciones atando al enemigo, ya este mundo sería más tranquilo que el Edén. No funciona. El Demonio anda tan suelto como siempre. Lo que debemos de saber los hijos de Dios es que aún Satanás es un instrumento a quien Dios le pone límite y al cual incluso usa para cumplir Sus propósitos. Ese es el Dios al que servimos, quien tiene control y dominio absolutos, el Dios soberano de la Biblia. No podemos justificar a Dios diciendo “Dios lo hizo por tal o por cual razón” ¨¡No! ¡Dios lo permitió y punto!

¿DIOS ES CULPABLE?

En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno. (Job 1:22)

Dice la Biblia que, en medio de su tragedia, Job no pecó. En esta Escritura la palabra “pecó” viene del Hebreo «kjatá» que significa ‘cometer falta, culpar y condenar.’ Es decir, en todo esto que le sucedió, Job no cometió falta ni culpó ni condenó a nadie, y menos a Dios. Hoy se enseña en muchas congregaciones que las personas perdonen a Dios por haber permitido que sucediera cierta ‘maldad’ en su vida. ¿De dónde sacaron esos maestros que ahora ‘Tú’ tienes que perdonar a ‘Dios’?. ¿Ahora resulta que tú eres más bueno que Dios? ¡Eso es blasfemia! ¿De dónde salió eso? ¡Pura psicología humana! Yo siempre he leído en la Biblia que nosotros somos los pecadores y Él es Él quien nos perdona. Él es santo, bueno y justo. Cuando dice que Job “ni atribuyó a Dios despropósito alguno”, aparece la palabra hebrea «natán» que significa ‘arremeter, señalar, hacer un culpable, poner el rostro en contra de’. Eso fue precisamente lo que hizo el profeta Natán cuando señaló a David como culpable del pecado contra Betsabé y Urías.

¿Qué es lo que siempre reclaman los que no entienden? “Dios, ¿por qué si eres amor, permitiste el Tsunami?” En este pasaje significa que Job noarremetió contra Dios, no señaló a Dios, no hizo culpable a Dios, no tenía amargura contra Dios y mucho menos “perdonó a Dios”.Job adoró a Dios aceptando el propósito soberano de Dios. Ciertamente él no entendía por qué le habían venido todos aquellos males, pero creía en la soberanía y en la bondad de Dios. Es verdad que en cierto momento Job se lamentó de haber nacido, dijo que habría mejor ser abortado que haber nacido en esta tierra. Mas lo decía porque estaba en una situación terrible. Pero observemos que Job maldijo el día en que nació, pero nunca maldijo a Dios.

SIGUIÓ LA RUINA DE JOB

Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová. (2) Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. (3) Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? (Job 2:1-3)

Dios dice que Job todavía retenía su integridad. Dios sigue complacido de Job, quien se mantiene firme en su fe en medio de su ruina.

Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. (Job 2:4)

‘Piel por Piel’ en la versión Dios Habla Hoy aparece como “Mientras no lo tocan a uno en su propio pellejo, todo va bien.” Satanás le está diciendo algo como “si le tocas ahora su salud, Job sí iba a blasfemar.” Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. (6) Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. (Job 2:5-6)

Dios dejó a Job en manos de Satanás. Esto no debe de darnos temor, sino confianza porque nada escapa del control de Dios. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. (8) Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. (9) Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. (Job 2:7-9). ¡Qué mujer ésta! ¿Cómo no fue a ella a quien le cayó la casa encima?, podríamos decir desde la perspectiva de nuestra propia justicia. Job le responde en el versículo 10 “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” ¿Recibiremos la abundancia y no la escasez? ¿Recibiremos la bonanza… y la prueba no? ¡No! La Biblia dice que “en todo esto no pecó Job con sus labios.”

MAYOR COMPRENSIÓN

La historia finaliza con Job teniendo una mayor comprensión de quién es Dios.

Respondió Job a Jehová, y dijo: (2) Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. (3) ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. (4) Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás. (5) De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. (6) Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. (Job 42:1-6 )

Y el final de Job se registra en el versículo 12 cuando Dios le duplica los bienes perdidos y le llena de años de felicidad. Este pasaje nos recuerda Romanos 8 cuando dice que “…todas las cosas ayudan a bien…”

Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, (13) y tuvo siete hijos y tres hijas. (14) Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc. (15) Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos. (16) Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. (17) Y murió Job viejo y lleno de días. (Job 42:12-17)

Este es nuestro final: recibir el doble. Vamos hacia una eterna gloria con nuestro Señor Jesucristo, pero es necesario que aquí padezcamos por un corto tiempo para ser perfeccionados, hechos sólidos, establecidos y afirmados.

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

viernes, 23 de mayo de 2014

Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión,  ¿por qué padezco persecución
Todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. 
 Gálatas 5:11

Todos los que quieren agradaren la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis,
Solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo.
Gálatas 6:12

El tema de la circuncisión fue una profunda controversia en la iglesia primitiva. Esta ocupaba un extenso, respetado y bíblico lugar desde que Dios lo ordenó en Génesis17: 10. Cristo era judío.Todos sus doce apóstoles eran judíos. Casi todos los primeros conversos al cristianismo eran judíos. Las Escrituras judías eran (y son) parte de la Biblia de la iglesia cristiana. No es de sorprender que los rituales judíos llegaran a la iglesia cristiana.

Llegaron. Y con ellos llegó la controversia. El mensaje de Cristo se estaba esparciendo hasta ciudades que no eran judías como Antioquía de Siria. Los gentiles estaban creyendo en Cristo. La cuestión se hizo urgente. ¿En qué sentido la verdad central del evangelio guarda relación Con rituales como la circuncisión? ¿Cómo los rituales guardan relación con el evangelio de Cristo: las buenas noticias de que si creemos en Él nuestros pecados son perdonados, y estamos justificados ante Dios? Dios está a favor nuestro. Tenemos vida eterna.

A través del mundo gentil los apóstoles fueron predicando perdón y justificación por fe solamente. Pedro predicó: «De éste [Cristo] dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por su nombre» (Hechos 10:43). Pablo predicó: «Sepan, pues, esto, varones hermanos: que." por medio de él todo el que en él cree es justificado de todo lo que no pudo ser justificado por la ley de Moisés» (Hechos 13:38-39, traducción libre).

¿Pero qué de la circuncisión? Algunos en Jerusalén creían que esto era esencial. Antioquía llegó a ser el centro mismo de la controversia. «Algunos hombres venían de Judea y enseñaban que «sino os circuncidáis... no podéis ser salvos» (Hechos 15: 1). Se convocó un concilio y se debatió la cuestión.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Y se reunieron los apóstoles y los   ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros mismos hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Entonces toda la multitud calló (Hechos 15:5-12).

Nadie veía el fondo de este asunto más claramente que el apóstol Pablo. El verdadero significado del sufrimiento y muerte de Cristo estaba en juego. ¿Era la fe en Cristo suficiente para ponernos a bien con Dios? O ¿erala circuncisión necesaria también? La respuesta fue clara. Si Pablo predicaba la circuncisión, el tropiezo dela cruz era quitado del medio (Gálatas 5:11). La cruz significa libertad de la esclavitud del ritual. «Para libertad Cristo nos hizo libres. Estad firmes,  pues; y no Estéis otra Ves sujetos al yugo de esclavitud- {Gálatas 6: 1).

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

martes, 15 de abril de 2014

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun,
El que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
El que también intercede por nosotros.
Romanos 8:34

La gran conclusión en cuanto al sufrimiento y la muerte en la cruz de Cristo es esta: «Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8: O, Estar «en Cristo» significa estar en relación con él por fe. La fe en Cristo nos une a Cristo, así que su muerte llega a ser nuestra muerte y su perfección se convierte en nuestra perfección. Cristo llega a ser nuestro castigo (que no tenemos que sufrir) y nuestra perfección (que no podemos alcanzar).

La fe no es la base de nuestra aceptación ante Dios. Solo Cristo lo es. La fe nos une a Cristo así que su justicia es contada como nuestra. «Sabiendo que una persona no está justificada por obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado» (Gálatas 2:16). Ser «justificados por fe» y ser «justificados... en Cristo» (Gálatas 2: 17) son términos paralelos. Estamos en Cristo por fe, y por tanto somos justificados.

Cuando surge la pregunta « ¿Quién es condenador», la respuesta se da por sentada. ¡Nadie! Entonces se dice el porqué: « ¡Cristo Jesús es el que murió La muerte de Cristo asegura nuestra libertad de la condenación. Es tan seguro que no podemos ser condenados como seguro es que Cristo murió. No hay doble penalidad en el tribunal de Dios. No seremos condenados dos veces por el mismo delito. Cristo ha muerto una vez por nuestros pecados. No seremos condenados Por causa de ellos. La condenación ha desaparecido no porque no exista ninguna, sino porque ya ha ocurrido.

¿Pero qué si el mundo nos quiere condenar? No es esa una respuesta a la pregunta, « ¿Quién va a condenar?» ¿No condena el mundo a los cristianos? Ha habido muchos mártires. La respuesta es que nadie puede condenarnos con éxito. Puede haber cargos, pero ninguno perdurará. « ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8:33). Es lo mismo que cuando la Biblia pregunta: « ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada» La respuesta no es que estas cosas no le ocurran a los cristianos. La respuesta es que «en todas estas cosas somos más que vencedores, Por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37).

El mundo traerá su condenación. Quizá esta llegue acompañada de espada. Pero sabemos que el supremo tribunal ya ha dictado sentencia a nuestro favor. «Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros (Romanos 8:31)  Nadie exitosamente. Si otros nos rechazan, Él nos acepta. Si otros nos odian, Él nos ama. Si otros nos encarcelan, Él da libertad a nuestros espíritus. Si otros nos afligen, Él nos refina con su fuego. Si otros nos matan, Él hace de eso un trayecto al paraíso. No pueden derrotarnos. Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Estamos vivos en Él. Y en Él no hay condenación. Somos perdonados y somos justos. «El justo vive confiado como un león» (Proverbios 28:1).

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

sábado, 5 de abril de 2014

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose
Obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2:8

Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron
Constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno,
Los muchos serán constituidos justos.
Romanos 5:19

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros
Fuésemos hechos justicia de Dios en él.
2 Corintios 5:21

Y ser hallado en él no teniendo mi propia justicia, que es por la ley,
Sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.
Filipenses 3:9

La  justificación no  es simplemente la cancelación de nuestra injusticia. Es también el traspaso a nosotros de la justicia de Cristo. No tenemos una rectitud que nos ponga a bien con Dios. Lo
Único que un cristiano puede decir ante Dios es: «No teniendo mi propia justicia, que es por ley, sino la que es por la fe de Cristo» (Filipenses 3:9).

Es la justicia de Cristo. Dios nos la traspasa. Eso quiere decir que Cristo cumplió toda justicia perfectamente; y esa justicia la toma en cuenta como nuestra cuando confiamos en Él. Somos contados como justos. Dios miró la perfecta justicia de Cristo y nos declaró justos con la justicia de Cristo.

Así, pues, hay dos razones por las que no es abominable para Dios justificar al impío (Romanos 4:5). Primero, la muerte de Cristo pagó la deuda de nuestra injusticia (véase el capítulo anterior). Segundo, la obediencia de Cristo proporcionó la justicia que necesitábamos para ser justificados en el tribunal de Dios. Las demandas de Dios para entrar en la vida eterna no son meramente que nuestra injusticia sea cancelada, sino que nuestra perfecta justicia se establezca.

El sufrimiento y la muerte de Cristo es la base de ambas. Su sufrimiento es el sufrimiento que nuestra injusticia merecía. «Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades» (Isaías 53:5). Pero su sufrimiento y muerte fueron también el clímax y la consumación de la obediencia que llegó a ser la base de nuestra justificación. Él fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Su muerte fue el pináculo de su obediencia. A esto es a lo que la Biblia se refiere cuando dice: «Por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:19).

 Por lo tanto, la muerte de Cristo llegó a ser la base de nuestro perdón y nuestra perfección. «Por nosotros [Dios] lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios» (2 Corintios 5:21). ¿Qué quiere decir esto de que Dios hizo que el inmaculado Cristo fuese hecho pecado? Quiere decir que le imputaron nuestro pecado, y sobre la base de eso se convirtió en nuestro perdón. ¿Y qué significa que nosotros (que somos pecadores) llegamos a ser justicia de Dios en Cristo? Quiere decir, igualmente, que la justicia de Cristo se toma como nuestra, y es por eso que Él es nuestra perfección.

¡Gloria sea a Cristo por lo que logró al sufrir y morir! Al sufrir y morir logró el perdón de nuestro pecado, y a la vez proporcionó nuestra justicia. Admirémosle y atesorémosle y confiemos en Él por Este gran logro.

Fuente: La Pasión de Jesucristo (John Piper)
Encuentra el mensaje Anterior en el siguiente enlace: Para Proveer la Base de Nuestra Justificacion

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

lunes, 31 de marzo de 2014

Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Romanos 5:9

[Somos] justificados gratuitamente por su gracia, mediante
La redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 3:24

Concluimos, pues, que el hombre es justificado Por fe sin las obras de la ley.
Romanos 3:28

 El ser justificados ante Dios y el ser perdonados por Dios no es lo mismo. Ser justificado en un tribunal no es lo mismo que ser perdonado. Ser perdonado entraña que soy culpable y que mi delito no se cuenta. Ser justificado implica que he sido juzgado y hallado inocente. Mi demanda es justa. Estoy vindicado. El juez dice, «Inocente».

La justificación es un acto legal. Significa declarar que alguien es justo. Es un veredicto. El veredicto de justificación no hace justa a una persona. Declara justa a una persona. Se basa en que alguien
Realmente es justo. Podemos ver esto con mayor claridad cuando la Biblia nos dice que, en respuesta a las enseñanzas de Jesús, el pueblo «justificó» a Dios (Lucas 7:29). Esto no quiere decir que hicieron a Dios justo (puesto que Él ya lo era). Significa que declararon que Dios es justo.

El cambio moral que experimentamos cuando confiamos en Cristo no es justificación. La Biblia usualmente lo llama santificación, el proceso de llegar a ser bueno. La justificación no es ese proceso. No es ningún proceso. Es una declaración que ocurre en un momento. Un veredicto: ¡Justo! ¡Recto!

La manera ordinaria de ser justificado en un tribunal humano es guardar la ley. En ese caso el jurado y el juez sencillamente declaran lo que es cierto en usted: Usted guarda la ley. Eso lo justifica. Pero ante el tribunal de Dios, no hemos guardado la ley. Por lo tanto, en términos ordinarios, no tenemos esperanza de ser justificados. La Biblia aun dice, «El que justifica al impío... [Es] abominación a Jehová» (Proverbios 17:15). Y aún más, sorprendentemente, a causa de Cristo, también dice que Dios «justifica al impío», que confía en su gracia (Romanos 4:5). Dios hace lo que parece abominable.

¿Por qué esto no es abominable? O, Según la Biblia dice, ¿cómo puede Dios ser «justo y, a la vez, el que justifica a los que [simplemente] tienen fe en Jesús?» (Romanos 3:26). No es abominable que Dios justifique al impío que confía en él, por dos razones. Una es que Cristo derramó su sangre para cancelar la culpa de nuestro delito. Así, pues, dice «Hemos sido justificados por su sangre» (Romanos 5:9). Pero eso es solo la remoción del pecado. No nos declara justos. Cancelar nuestros fracasos en mantener la ley no es lo mismo que declararnos guardadores de la ley. Cuando un maestro cancela de la lista un examen que obtuvo F, no es lo mismo que declararlo A. Si el banco fuera a perdonarme las deudas en mi cuenta, no sería lo mismo que declararme rico. Así también, cancelar nuestros pecados no es lo mismo que declararnos justos. La cancelación debe ocurrir.Esto es esencial a la justificación. Pero hay más. Existe otra razón por la que no es abominable que Dios justifique al impío por la fe. Para eso vamos al siguiente capítulo.

Fuente: La Pasión de Jesucristo (John Piper)
Encuentra el mensaje Anterior en el siguiente enlace: Para el Perdon de nuestros Pecados

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

jueves, 27 de marzo de 2014

En [Él] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
Efesios 1:7

Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada
Para remisión de los pecados.
Mateo 26:28

Cuando perdonamos una deuda o una ofensa o un daño, no exigimos un pago por el ajuste. Eso sería lo opuesto al perdón. Si se nos hace un reembolso por lo que hemos perdido, no hay necesidad de perdón. Ya hemos recibido el pago.

El perdón supone gracia. Si usted me hiere, la gracia lo absuelve. Yo no lo demando. Yo lo perdono. La gracia da lo que alguien no merece. Es por eso que perdonar contiene en sí la palabra donar. Perdonar no es saldarla cuenta. Es abandonar el derecho a una compensación
Equitativa.

Eso es lo que Dios hace con nosotros cuando confiamos en Cristo: «Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre» (Hechos 10:43). Si creemos en Cristo, Dios deja de tomar en cuenta nuestros pecados. Este es el propio testimonio de Dios en la Biblia. «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo» (Isaías 43:25). «Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Salmo 103: 12).

Pero esto crea un problema. Todos sabemos que no basta con perdonar. Podemos verlo claramente cuando el daño es grande, como un asesinato o una violación. Ni la sociedad ni el universo pueden mantenerse unidos si los jueces (o Dios) simplemente le dicen a todo asesino o violador, « ¿Lo sientes mucho? Muy bien. El estado te perdona. Quedas libre». En casos como estos vemos que aunque la víctima puede tener un espíritu perdonador, el estado no
Puede ignorar la justicia.

Así pasa con la justicia de Dios. Todo pecado es grave, porque es contra Dios (ver capítulo 1). Él es aquel cuya gloria ofendemos cuando lo ignoramos, lo desobedecemos o blasfemamos. Su justicia no le permitirá simplemente libertarnos, así como un juez no puede cancelar las deudas que un criminal tiene con la sociedad. La ofensa hecha a la gloria de Dios por nuestro pecado se debe reparar para que en la justicia su gloria resplandezca con más brillantez. Y si nosotros los criminales vamos a quedar en libertad y a ser perdonados, debe haber alguna demostración dramática de que el honor de Dios es mantenido aunque algunos que fueron blasfemos sean puestos en libertad.

Esto es por lo que Cristo sufrió y murió. «En [Él] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Efesios 1:7). El perdón no nos cuesta nada. Toda nuestra costosa obediencia es el fruto, no la raíz, de ser perdonados. Es por eso que llamamos a esto gracia. Pero le costó a Jesús su vida. Es por eso que llamamos a esto justo. ¡Oh, cuán preciosa es la noticia de que Dios no nos toma en cuenta los pecados cometidos! Y qué hermoso es Cristo, cuya sangre justificó que Dios hiciera esto.

Fuente: La Pasión de Jesucristo (John Piper)
Encuentra el mensaje Anterior en el siguiente enlace: Para Convertirse en Rescate por Muchos

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.
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