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martes, 7 de enero de 2014

Intolerantes al Error

Posted by Francisco On 15:34 No comments
John MackArthur
Como cristianos debemos tener por entendido que cualquier cosa que se oponga a la Palabra de Dios o se aparte de ella en cualquier forma es un peligro para la misma causa de la verdad. La pasividad hacia el error conocido no es una opción para el cristiano. La intolerancia inquebrantable del error está basada en la misma tela de la Escritura. Y la tolerancia del error conocido es cualquier cosa menos una virtud.

Jesús claramente y abiertamente afirmó la exclusividad absoluta del cristianismo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Obviamente, esa clase de exclusividad es fundamentalmente incompatible con la tolerancia postmoderna.

La verdad y el error no pueden ser combinados para producir algo beneficioso. La verdad y el error son tan incompatibles como la luz y la oscuridad. “¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?” (2 Corintios. 6:14-16)

No le podemos decir al mundo: “ésta es la verdad, pero cualquier cosa que ustedes quieran creer está bien, también.” No está bien eso. La Escritura nos ordena que seamos intolerantes de cualquier idea que niegue la verdad.

Para que alguien no me malentienda, no estoy defendiendo el dogmatismo en todos los asuntos teológicos. Algunas cosas en la Escritura no son perfectamente claras. Pero las enseñanzas centrales de la Escritura (en particular, aquellas cosas relacionadas al camino de la salvación) son tan simples y tan claras que incluso un niño las puede entender.

Las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y declaran en uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no solo los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios. (Confesión de Westminster, 1:7).

Toda la verdad que es necesaria para nuestra salvación puede fácilmente ser comprendida en una forma verdadera por alguien que aplica el sentido común y la diligencia debida en buscar comprender lo que enseña la Biblia. Y esa verdad –el mensaje de central de la Escritura –es incompatible con cualquier otro sistema de creencia. Debemos ser dogmáticos acerca de eso.

No es de extrañar que el pos-modernismo, el cuál se enorgullece en ser tolerante de cada cosmovisión irreconciliable, es no obstante hostil al Cristianismo bíblico. Aun el postmodernista más decidido reconoce que el Cristianismo bíblico por su misma naturaleza es completamente incompatible con una posición de amplio criterio sin sentido crítico. Si aceptamos el hecho de que la Escritura es la verdad objetiva y autoritativa de Dios, debemos ver que cualquier otra visión no es igualmente o potencialmente válida.

No hay necesidad de buscar una posición intermedia a través del diálogo con proponentes de cosmovisiones anticristianas, como si la verdad pudiese ser pulida por el método dialéctico. Es una insensatez pensar que la verdad dada por revelación divina necesite ser pulida o modernizada. Ni deberíamos imaginarnos que podemos responsabilizarnos por oponernos a las cosmovisiones en alguna posición filosóficamente neutral. El suelo entre nosotros no es neutral. Si nosotros en realidad creemos que la Palabra de Dios es cierta, sabemos que todo lo que se le oponga es error. Y no debemos dar ningún lugar al error.
PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO

Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

sábado, 30 de noviembre de 2013

John MacArthur

Una buena regla para explicar cualquier parábola es mantener el enfoque en la enseñanza principal. Mo es buena idea tratar de sacar ventaja de todo detalle incidental en la parábola. Los teólogos medievales eran conocidos por eso. Ellos podrían disertar durante horas sobre los mínimos particulares de toda parábola, tratando de encontrar significados muy detallados, simbólicos y espirituales en cada característica de la historia…mientras en ocasiones prácticamente hacían caso omiso al punto central de la parábola. Esa es una manera peligrosa de manejar cualquier pasaje bíblico. Pero es especialmente fácil caer en el error cuando se trata de interpretar las varias figuras retoricas en la Biblia. Las parábolas son claras y deliberadamente metafóricas, pero no son alegorías, en que cada detalle tiene alguna clase de simbolismo. Una parábola es una simple metáfora o símil transmitida en forma de historia. Es en primer lugar una comparación. “El reino de los cielos es semejante a…” (Vea, por ejemplo, Mateo 13.31, 33,44-45,52; 20.1, 22.2).

La palabra parábola se transcribe de un vocablo griego que habla literalmente de una cosa que se pone al lado de otra con el fin de señalar la semejanza o de hacer una importante asociación entre las dos cosas. Es una forma literaria básica con un propósito muy específico: hacer una analogía enfocada a través de una interesante historia o descripción vivida. Los comentaristas de las parábolas siempre harán bien en tener eso en mente y tratar de no buscar simbolismos complejos, varias interpretaciones, o enseñanzas recónditas en los detalles periféricos de las parábolas.

Debido a la riqueza de sus pormenores, la parábola del hijo prodigo quizás ha estado sometida a mas interpretaciones imaginativas que cualquier otra. He visto comentaristas que pasan una página tras otra hablando del supuesto significado espiritual y alegórico de características tales como sobras para cerdos (símbolo de pensamientos diabólicos, según un escritor), el anillo que el padre pone en el dedo del hijo (una imagen grafica pero esotérica del ministerio de la trinidad, si aceptamos las cavilaciones de otro comentarista), o el calzado en los pies del hijo prodigo (estos representan el evangelio, como insiste otro exegeta, apoyándose en Efesios 6.15).

Como método de interpretación bíblica, esa clase de alegorización se ha empleado para crear más confusión acerca del sencillo significado de la Biblia que cualquier otro recurso hermenéutico. Si usted puede decir con libertad que esto en realidad significa eso, y que algo es símbolo de algo mas, sin basarse en claves contextuales sino inventadas totalmente en la imaginación del expositor, y especialmente si usted está dispuesto a hacer eso con explicaciones exhaustivas de cada detalle en la narración bíblica, entonces a la larga puede hacer que la Biblia signifique algo que usted decida.

Inventar interpretaciones extravagantes y alegóricas no es un enfoque valido para explicar ninguna porción bíblica, y los elementos obviamente figurados en una parábola no cambian las reglas de exegesis ni nos dan licencia para inventar interpretaciones. Es más, al manejar el simbolismo de una parábola es particularmente importante mantener en enfoques claros el punto principal y el contexto inmediato, y no dar rienda suelta a imaginaciones estrambóticas.

PUBLICADO POR: FRANCISCO PORTILLO
Soy una persona dependiente de la gracia y la fortaleza de Dios desde que reconocí que sin él no soy absolutamente nada, Jesús se ha convertido en mi caminar y en el centro de toda mi existencia, todo se lo debo a él.

martes, 2 de octubre de 2012

John MacArthur - Elegidos Por Dios

Posted by Francisco On 21:44 No comments

En el contexto de la democracia, la igualdad y la equidad, la idea de que hace mucho tiempo, antes de crear el mundo, Dios eligió a algunas personas para la salvación, pero no a todo el mundo, parece francamente ofensivo.

¿Por qué es que Dios redimió sólo a algunos pecadores inmerecidos, pero dejó que otros – igual de inmerecidos – vayan al infierno? ¿Sobre qué base escogió Dios? Si alguien que no fue elegido por Dios se muere y va al infierno, ¿quién es responsable? Y si Él ya escogió quien se va a salvar, ¿cuál es el punto del evangelismo?

Esas son preguntas difíciles que se hacen inevitablemente en cuanto a la doctrina de la elección. Y esas son la clase de preguntas que John MacArthur, en la adaptación y traducción de Henry Tolopilo, confronta en este estimulante estudio de Elegidos por Dios.


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